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Persectiva Histórica de Ecoturismo/Turismo Sostenible

Persectiva Histórica de Ecoturismo/Turismo Sostenible

Por años, la Organización Mundial de Turismo aconsejó a las naciones en vías de desarrollo que la estrategia de desarrollo turístico más efectiva era alentar turismo de masas de “primera clase” a través de la construcción de grandes complejos hoteleros y resorts. El argumento en favor de esta filosofía seguía dos líneas. Primero, que los turistas ricos tenían más recursos y dinero que gastar y en consecuencia un punto de destino requeriría mas visitantes para acumular recursos financieros (Chambers 2000:37). Esta estrategia suponía que las consecuencias potencialmente negativas para el medio ambiente y la sociedad podrían ser minimizadas a través de limitar el número de turistas y relegarlos a lugares restringidos. Desde que la vasta mayoría de la población de destino tendría poco o ningún contacto con la industria turística, esta estrategia asumía que los complejos turísticos promoverían que los recursos se”permearan hacia abajo” (trickling down) beneficiando a toda la población. También se presuponía que el desarrollo de infraestructura moderna requerida para desarrollar dichas actividades turísticas (como aeropuertos, carreteras, caminos, hoteles, etc.) beneficiarían a la economía en su conjunto (de Kat 1979).

Después del aumento del precio del petróleo y la crisis y deuda internacional que suscitó el mismo, el Banco Mundial adoptó una estrategia similar de turismo como medio para atraer inversión extranjera y obtener capital extranjero (Honey 1999:14-15). Se argumentaba que el turismo fomentaba una estrategia de desarrollo favorable pues a diferencia de otras formas de desarrollo era una industria “sin emisiones toxicas” (smokless) y requería niveles bajos de inversión de capital, tanto inicial como sostenido (Honey 2002; de Kadt 1979). En los 70′s el Banco Mundial persiguió la estrategia mencionada y prestó aproximadamente 450 millones de dólares para cubrir 24 proyectos de plantas turísticas (Honey 1999: 15). Sin embargo, en la medida que la competencia por el financiamiento creció, el banco enfrentó fuertes críticas por invertir en resorts de lujos en lugar de invertir en programas para reducción de la pobreza. Confrontado con un número de proyectos fiscal y medioambientalmente desastrozos en Marruecos, Corea del Sur y Egipto, el Banco Mundial se vio presionado a cerrar su Departamento de Proyectos Turisticos en 1979 (Honey 1999: 15).

Aproximadamente al mismo tiempo, y quizá paralelamente como respuesta al fracaso del Banco Mundial, se difundió una reevaluación de este proyecto de desarrollo del turismo. De acuerdo a esta reevaluación, los proyectos de turismo de primera clase conllevaban a la fuga y retención de los recursos financieros para las elites nacionales y locales. Aunque es particularmente dificil el acceso, se cree que la fuga de recursos financieros dentro de estos complejos turísticos es particularmente elevado porque los proyectos de turismo de masas dependen fuertemente de capital extranjero y generalmente requieren la provisión de bienes y servicios localmente no disponibles. En consecuencia, “aunque el turismo sea percibido como un factor para captar recursos financieros, la mayoría de este es repatriado o destinado a importar productos para proveer a los turistas con alimento, bebidas y los estandares de alojamiento que ellos demandan” (Duffy, 2002: 50). Hoy en día el Banco Mundial estima que 55% del dinero del turismo se fuga de los países en vías de desarrollo, mientras que otros estudios estiman esta fuga entre el 80 y el 90 % (Honey 1999: 88). En muchos ejemplos el único beneficio observable para la comunidad se encuentra en la generación de empleos con salarios bajos en el sector servicios para personal poco capacitado (choferes, camareras, meseros, etc.). En adición, dichos complejos turísticos tienden a desincentivar e incluso evitar la posibilidad de actividades y redes empresariales de pequeña escala, así como oportunidades dentro del sector informal. Los proyectos del turismo de gran escala no han demostrado que son por si mismos ambientalmente amistosos. Crecientes niveles de aguas negras, emisiones de vehiculos, erosión, agotamiento de fuentes de agua, gasto de energía, desperdicios y la reducción de especies de flora y fauna y contaminación visual son solo algunas de las consecuencias negativas asociadas con esta forma de viajar (Gösling y Hall 2006; Archer y Cooper, 1999).

En respuesta a las dificultades económicas y ambientales la retórica y, algunas veces, la práctica de diversas instituciones que promueven el desarrollo del turismo ha cambiado para incluir medidas sostenibles, protección ambiental así como la necesidad de tomar en cuenta a las comunidades locales en los procesos de planeacíon e implementación (desarrollo local). Al mismo tiempo una visión de inversionista “stakeholder”, donde la gente proteja aquello que le reditúa adquiere un creciente apoyo institucional. Se argumentaba que el camino para erradicar a la pobreza debía empezar en, y no simplemente fluir hacia, el nivel de las comunidades locales (Honey, 1999:12). A mediados de los 80′s el Banco Mundial modificó su retórica para incluir las medidas mencionadas y una vez nuevamente empezó a promover el turismo como parte de su estrategia para el repago de la deuda.

Dentro de un cambio retórico y práctico similar, las organizaciones ambientalistas empezaron a reconsiderar proyectos conservacionistas en las cuales las comunidades locales estuvieran separadas (frecuentemente a la fuerza) de sus tierras para establecer parques nacionales. En muchos casos, las comunidades recibían pocos o ningun beneficio de los parques o el turismo y habiendo sido excluidos de tierras de valor econeomico o religioso, esto resultaba en conflictos, hostilidades y devastación ilegal de recursos naturales (Olindo, 1991; Carrier y Macleod 2005). Diversos ambientalistas comenzaron a apoyar la implementación de la visión de stakeholder para la conservación, y el turismo se consideró como un mecanismo potencial para asegurar los bienes. Este momento marca el surgimiento del ecoturismo como una categoría distinta, es decir, la combinación de prácticas económicas y ambientales fusionadas con una perspectiva de stakeholder para promover la conservación del medioambiente y el desarrollo social a través de proyectos de turismo de pequeña escala con propietarios locales.

Biografía

Archer, B and Cooper, C (1998) ‘The Positive and Negative Impacts of Tourism’. In
Theobald, W.F. (ed.) Global Tourism. Woburn: Butterworth-Heinemann.
Carrier, J and Macleod, D. (2005) ‘Bursting the Bubble: The Socio-Cultural Context of
Ecotourism’. In Royal Anthropology Institute, 11: 315-334.
Chambers, E. (2000) Native Tours: The Anthropology of Travel and Tourism. Long
Grove, IL: Waveland Press.
De Kadt, E. (1979) Tourism: Passport to Development? Oxford: Oxford University
Press/ World Bank/ Unesco.
Duffy, R. (2002) A Trip Too Far: Ecotourism, Politics and Exploitation. London:
Earthscan Publications.
Gösling, S. and Hall, C. Michael (2006) Tourism and Global Environmental Change:
Contemporary Geographies of Leisure, Tourism and Mobility. New York: Routledge.
Honey, M. (1999) Ecotourism and Sustainable Development: Who Owns Paradise?.
Washington D.C.: Island Press.
Honey, M. (2002) Ecotourism and Certification: Setting Standards in Practice.
Washington D.C.: Island Press.


Para más información:
¿Qué es ecoturismo comunitario?
¿Qué es turismo sostenible?