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Las aves me han enseñado mucho

La Reserva Aquicuana, con sus muchas especies de flora y fauna amazónica, es un paraíso para la observación e investigación de aves en Bolivia. Hasta ahora, hemos registrado 285 especies de aves en la Reserva, y algunas especies han sido registradas por primera vez en esta región de Bolivia. Todavía nos falta muchas más para ser identificadas. Este fin de semana pasado tuve la oportunidad de unirme a un grupo internacional de ornitólogos brasileños y británicos para caminar por 3 horas en la Reserva en un sendero forestal. En este poco tiempo identificamos 4 nuevas especies para agregar a nuestra lista de aves registradas. Armados con sus muchas décadas de experiencia en el campo con aves neotropicales, sus oídos identificaron de inmediato a docenas de especies a un ritmo muy rápido. Vi la importancia de escuchar las vocalizaciones de las aves, porque ellos identifican alrededor del 75-90% de las aves por el sonido.

Entrando al sendero del bosque de la Reserva Aquicuana. ****

Como empecé a observar aves?

Hay muchos pájaros que no vi o escuche, porque todavía busco pájaros principalmente por vista. No había observado aves en serio hasta que llegué a Bolivia el año pasado, con mis binoculares nuevos y una pequeña guía. Tenía mucho que aprender, ¿cómo podría haber sabido, por ejemplo, que hay familias enteras de pajaritos que parecen virtualmente idénticas al ojo inexperto? Para algunos de ellos, todavía es una tarea difícil identificarlos, aun con el ave en la mano. La sensación de triunfo cuando había identificado con seguridad un colibrí pronto se convirtió en duda cuando descubrí que había muchas otras especies de aspecto similar. Así que aprendí rápido, leyendo sobre tantas aves como podía. La observación de aves requiere precisión, agilidad, mucha tarea y experiencia.

Un ornitólogo registra vocalizaciones de aves en el sendero del bosque de la Reserva Aquicuana.

Una forma de recuperar nuestra conexión con la tierra y la naturaleza

Las aves tienen mucho que enseñarnos, especialmente sobre la tema de conservación. En hábitats y ecosistemas son indicadores de salud comunitaria y ambiental y, por extensión, de las personas que viven allí.

No había entendido completamente lo que podíamos perder hasta que me sintonice más con los pájaros y los ritmos de la tierra. Observando las mismas aves volar en el mismo lugar o visitar los mismos árboles a la misma hora cada día, o cómo cambian sus hábitos con las temporadas húmedas a las secas, comencé a comprender cómo íntimamente compartimos su mundo y cómo desconectados nos hemos convertido. Somos cuidadores de la tierra, ¡y qué gran privilegio es eso! Si las aves (y otros animales salvajes) desaparecieran, significaría que la tierra no sería sostenible para las personas tampoco. En el peor de los casos, los bosques que estaban llenos de vida silvestre se convertirían en vertederos estériles. Los bosques desbrozados para la agricultura industrial, en cuestión de una década o dos, se volverían demasiado contaminados por pesticidas y químicos (un problema que ya afecta a Bolivia y muchos otros países), la tierra ya no es cultivable y el agua está demasiado contaminada aun para sus agricultores, alejando a los habitantes.

Las corporaciones y los gobiernos son expertos en descartar los costos humanos del desarrollo y la destrucción ambiental, midiendo el valor de cuánto de lo que se puede destruir: las personas que han perdido sus hogares pueden ser “reubicadas”, tal vez cambien de ocupación o se convierten en agricultores industriales. Aquellos que están en el poder pueden apuntar a la teoría económica del ‘efecto cascada’ o el aumento en el número de maquinaria, pesticidas o alimentos procesados ​​como prueba de un nivel de vida más alto.

Las aves, por otro lado, no prosperan. No tienen billetes en sus picos. Mueren juntos con la pérdida de sus hábitats, donde viven, se alimentan, polinizan, críanzan y están fundamentales en un ecosistema y una cadena trófica delicados. No existe una historia alternativa de relaciones públicas que pueda derivarse de esta pérdida.

Sin conservación, perdemos la riqueza que proviene de su propia existencia

Es difícil describir con palabras qué es exactamente esta riqueza, palabras como “biodiversidad” todavía están un poco distantes. Que tengamos una palabra para “naturaleza” implica que estamos separados de ella, como si fuera algo que existe fuera de nosotros. Siempre hemos estado interconectados, para bien o para mal. Sin ellos, tampoco podríamos existir. De hecho, este patrimonio siempre ha existido en las comunidades aquí, que tienen nombres antiguos para estas aves, animales y plantas. Siempre han sido importantes, para la caza, los medios de subsistencia y sus culturas.

Si tuviera que elegir un pájaro favorito, sería el orden de aves Piciformes, que incluyen pájaros carpinteros, tucanes, jacamars y otros. Los pájaros carpinteros y tucanes pueden parecer humanos, con sus ojos brillantes, grandes cabezas y picos que les dan una expresión estoica y permanentemente sorprendida mientras graznan y golpean los troncos de los árboles sin cuidado por los humanos que están debajo de ellos. Mi afinidad por las aves no es solo algo científico, también es una conexión espiritual. Para mí, contemplar un pájarito hermoso es encontrar algo casi divino. Cuando veo un pájaro y susurro su nombre, se convierte en algo pequeño conocido en un mundo lleno de muchos desconocidos, mi conexión con un mundo mucho más grande que yo.

Un par de pájaros carpinteros cresta roja en la reserva Aquicuana.

La semana pasada me levanté temprano en la mañana para ir a un lago pantanoso en el bosque. Cuando justo llegué, un grupo de cuatro tucanillos volaban silenciosamente arriba del lago frente a mí. Esos pocos segundos se estiraron por mucho más tiempo mientras los miraba con asombro, sus bandas rojas en el pecho iluminadas por el sol. Aleteaban sus alas con determinación y sin preocupaciones a través del cielo. Las líneas diagonales negras y amarillas en sus picos grandes y curvados les hacían parecer sonrientes. Le devolví la sonrisa.


Un tucanillo. (Foto de: Vincent Vos/CC BY-NC)

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